El verdadero enemigo de un Sistema Integrado no son las normas. Son los silos de información.
Cuantas más normas incorpora una organización, mayor puede parecer la complejidad.
• Calidad.
• Medio Ambiente.
• PRL.
• Seguridad de la Información.
• Compliance.
• ENS.
Y es fácil concluir: "Tenemos demasiadas normas"
Pero quizá ese no sea el verdadero problema.
Porque las normas pueden compartir procesos, personas, proveedores, riesgos, evidencias, acciones, indicadores y buena parte de la información necesaria para gestionarlas.
La complejidad aparece cuando cada perspectiva empieza a construir su propio mundo.
• Calidad tiene sus documentos.
• PRL, sus registros.
• Medio Ambiente, sus evidencias.
• Compliance, sus controles.
• Seguridad, sus riesgos.
Cada área puede estar perfectamente organizada.
Y, sin embargo, la organización en su conjunto puede estar fragmentada.
Ese es el peligro de los silos de información.
No necesariamente falta información.
A veces ocurre exactamente lo contrario: tenemos muchísima.
• Pero está repartida.
• Duplicada.
• Con versiones diferentes.
• Sin relaciones visibles.
Y dependiendo de personas que saben dónde encontrarla y cómo conectarla.
Entonces sucede algo paradójico.
Cuanto más intentamos controlar el sistema, más información generamos.
Y cuanto más información generamos de forma aislada, más difícil resulta tener una visión global.
Por eso integrar no consiste simplemente en poner toda la información en el mismo lugar.
Eso sería centralizar.
Integrar exige algo más:
• conectarla.
• Que una incidencia pueda relacionarse con un riesgo.
• El riesgo con un control.
• El control con sus evidencias.
• La evidencia con varios requisitos.
• Un hallazgo con una acción.
• La acción con un responsable.
Y todo ello con los procesos, centros y perspectivas de gestión a los que afecta.
Cuando esas relaciones existen, dejamos de tener piezas independientes.
Empezamos a tener sistema.
Y entonces ocurre algo importante:
la información deja de servir únicamente para demostrar que cumplimos.
Empieza a ayudarnos a comprender qué está ocurriendo en la organización.
Por eso creo que el gran reto de un Sistema de Gestión Integrado no consiste en reducir el número de normas.
Consiste en evitar que cada nueva necesidad de gestión cree una nueva isla de información.
Porque una organización puede convivir perfectamente con muchas normas.
Lo que resulta mucho más difícil es gobernarla cuando su información no está conectada.
El verdadero enemigo de la integración no son las normas.
Son los silos.
Una pregunta para terminar
Si hoy necesitarais conocer la situación global de un proceso...
¿podríais verla desde un único sistema o tendríais que reconstruirla consultando diferentes personas, carpetas, hojas de cálculo y aplicaciones?
La respuesta probablemente diga mucho más sobre vuestro nivel de integración que el número de normas certificadas.


